Un cubano en las gradas. El debut de Odrisamer Despaigne en MLB

Un cubano en las gradas.
10:38:00 p. m. Daniel de Malas 8 comments
(Tomado de SWing Completo)

Sueño cumplido que quise compartir con ustedes.

El sueño se cumplió, tras un tiempo bastante prolongado, pero se cumplió. Ya estuve físicamente en un estadio de Grandes Ligas y en muchas maneras, la vida puede continuar. Todo cubano que haya tenido la oportunidad de igualar este anhelo sabe de lo que hablo, pero aún hay muchos a los que no les ha llegado la ocasión y el Latino sigue en lo más alto del ranking. Pro y contras valorados, todos tienen su encanto.

Marchando paso a paso, el que “estuve físicamente en un estadio de Grandes Ligas” es por que quien les escribe había soñado, de todas las maneras posibles, en llegar a la meca de la pelota mundial (Al igual que la inmensa mayoría de los fanáticos, atletas y gente (en general) del beisbol, de cualquier parte del mundo).

Gritando en las gradas, coacheando en el terreno, tirando strikes o dando jonrones, ese era un sueño que había que cumplir. (Esto no quiere decir que me haya conformado, la carrera continúa)

Hubo 6 horas de autopista y prácticamente, en las primeras millas de la ciudad de San Diego, se abrió delante de mis ojos la figura moderna, espectacular e inolvidable, del Petco Park.

Quiso el destino que donde orgullosamente nuestro equipo Cuba discutió la Final del Clásico Mundial del 2006 (en su primera edición), fuera el lugar para adentrarme en el mundo de las Mayores, como un fanático más y uno menos, de los cumple su sueño.

San Diego es bello, no les engaño.

Más allá del golpe del “Primer Mundo”, San Diego, con su puente Coronado, su bahía, sus tranvías, su clima y su Gas Lamp, es precioso. El Petco Park es parte de la ciudad y sin dudas compaginan magistralmente.

Pero el Petco Park, en realidad no fue un accidente, pues el estadio de los Dodgers y el de los Angelinos, me quedaban más cerca. No obstante era que un cubano, un industrialista y un amigo, todos en la misma persona de Odrisamer Despaigne, estaba calendariado para lanzar este sábado 5 de julio (un año y 5 días después de haber abandonado el equipo en la escala en Madrid, antes del torneo de beisbol holandés del 2013).

A Odrisamer le tocaba abrir, y mi meta de estar dentro de uno de los 30 estadios de la Gran Carpa, no podía tener mejor día para llevarse a cabo.

Odrisamer Despaigne

Odrisamer debuta ganando

Me faltaba mi padre y un paso dentro del estadio le agradecí, que donde quiera que este me haya ayudado a llegar allí y a ser el hombre que soy.

Me faltaban mi esposa y mi hijo, pero sé que van a estar conmigo en las muchas otras veces que este sueño se lleve a cabo, pues créanme que voy a perder la cuenta y ellos serán parte de esta y el resto de las alegrías que nos quedan por vivir.

Me faltaba mi hermano Ariel, a quien también voy a poder regalarle esta oportunidad.

Me faltaban todos mis peloteros de los Lobos de Zanja (Lobos de la COCO) a quienes por 15 años dirigí con mucho orgullo y quienes son mis hermanos, más allá de todas las distancias.

Me faltaban mis amigos de siempre, Liván, Yasel, Fabas, Roberto, Alberto, Omar, Lázaro y un par de docenas más.

Pero estaba lleno de todos ellos, para contarles de mi regocijo, de mi experiencia. Para representarlos y de alguna manera todos, fueran parte de este sueño hecho realidad.

Un estadio de las Grandes Ligas, el Petco Park y todos ellos (el domingo me fui al de los Angelinos, pero la segunda vez no es parte de esta historia) están diseñados para ser un espectáculo comercial, en el estricto sentido de la frase. El entretenimiento es inmensurable.

Los más disimiles gustos se pueden complacer en cada una de las 30 arenas de las Mayores, empezando por que antes de entrar a las gradas te puedes “uniformar” hasta los dientes (con una chamarreta de tu pelotero favorito o un simple llavero con el identificador visual del equipo de casa) y contando que los niños tienen miles de opciones para hacer de ese día, uno inigualable.

Todos los pequeños átomos dentro del estadio son parte del espectáculo, en cada turno al bate se refleja una estadística distinta sobre el pelotero, la información está constantemente en todas las pizarras del recinto, la velocidad de los lanzamientos, inclusive que tipo de lanzamiento, el desarrollo de los partidos en otros parques, cantidad de pitcheos, resultados del bateador en la temporada.

¿El sonido? exquisitamente apropiado.

Los aficionados constantemente son parte del show y las cámaras hacen esto claro, estando a la caza de lo que pueda ser atractivo en la pantalla.

Ahhhh…la pantalla!!!!

Lógicamente uno no puede establecer comparación proporcional con aquella pizarra del Latinoamericano, y no me refiero al horror de procedencia vietnamita que tiene el Coloso del Cerro en este momento, sino la anterior, la que tenía los line-up en los laterales, anunciaba el bateador, su average actualizado en la campaña, la H y E indicando los imparables o pifias.

Ese pizarrón nostálgico de la pelota cubana, testigo de tantos buenos recuerdos, es nada comparado con lo que puede proponer una pantalla digital enorme, con todo un staff publicitario/estadístico encargándose de ella.

Injusta comparación, excelente oferta visual de los estadios modernos.

Yo me planteé con mi camisa de Industriales, pues nunca voy a dejar de ser industrialista o cubano y además el abridor del juego, meritaba tal indumentaria.

No menos de 20 personas me increparon sobre la procedencia de la chamarreta y a todos le expliqué, con un toque de orgullo y patriotismo (del verdadero, del que se siente por lo que uno ama y no por lo que te imponen).

Yonder Alonso, inicialista de los Padres, que estaba en la lista de lesionados, pero en el banco acompañando a su equipo, me dijo en puro “cubano”: “…esta bueno eso (señalando para la camisa), gracias chamaco…”

El objetivo, en ese caso, también fue cumplido.

Después de varios posicionamientos distintos (como novato que soy en prácticas de bateo y ceremonia pre-juego en las Grandes Ligas) vi a Odrisamer, que 15 minutos antes del partido, fue a “soltar” el brazo al bull-pen.

Pedí permiso, me llegue hasta la misma barda, le abrí los brazos y le grite: “mi hermano, mira que he dado vueltas para dar contigo”, el me sonrió, me pregunto dónde estaba sentado, me dio la mano y siguió para su calentamiento, no sin antes “cuadrar” que nos veríamos tras el juego.

Mi primer día en un estadio de Grandes Ligas y tuve la oportunidad de darle la mano a unos de los abridores del juego!!! Mejor imposible.

Irónicamente la última vez que nos vimos fue en el Latino. Él estaba entrenando con el equipo que saldría para el evento de Holanda y yo era parte de la filmación de uno de los programas de “Beisbol por Siempre”. Esa, salvo que el destino alinee los astros de manera muy caprichosa, fue mi última vez en el Coloso del Cerro.

El “Despa” lanzó bien (así lo ha hecho en cada una de sus 5 salidas en las Mayores, inclusive quedó a 4 outs de dar un no-no en su más reciente apertura) y tuvo un inning complejo en el tercero, donde cometió un error y dio dos pasaportes, pero terminó sin permitir carreras.

En el minuto que el escón de ese capítulo fue un hecho, salteé de alegría y me puse tan de suerte que en la trasmisión de FOX decidieron tomarme con varios de los emocionados fans de los Padres y allí, en el medio de más de 36000 personas, varios amigos me vieron, inclusive uno de ellos me mandó la instantánea (en la vida hay cosas para las que se tiene suerte y otras para las que no).

El encuentro en si fue una maravilla, los Gigantes empataron sensacionalmente en el noveno y terminaron ganando en extra innings. Despaigne lució bien, aunque se fue sin tuvo decisión.

La jornada fue espectacular en el más puro sentido de la palabra y quedará como un recuerdo especial, grabado en mi memoria.

No obstante no vi cucuruchos de maní, ni policías, ni a Emilio, que acertadamente “recogía” las apuestas en Latino (ni lo busquen que el hombre es real, pero el nombre ficticio), ni vi guayaberas, ni jabitas de la “shopping”, ni planchaos, ni mujeres como las nuestras, ni tabacos, ni la estatua de Armandito “el tintorero”.

Todo eso se extraña y por fracciones de segundos, me sentí lejos y solitario.

Pero en realidad no estaba solo, había conmigo millones de cubanos (inclusive los que no leerán estas líneas y los que ni tienen idea de quien las escribe).

Estaba mi hijo (pidiendo de cuanta cosa le pasan vendiendo por al lado) y mi esposa (a la que nunca le gustó la gorra de lado de Odrisamer) pues a pesar de las millas que nos tienen alejados, no pasa ni un minuto en el que no estemos unidos.

Estaba mi padre, desde el cielo y mi hermano Ariel, que casi ama el beisbol tanto como yo.

Estaban mis peloteros de Zanja, con sus escándalos burlescos, cruzando las manos como buenos ecobios que son y con perpetua guapería en cada frase. Además estaban mis compañeros de la emisora COCO. Mis amigos, todos ellos.

Estaban las gradas llenas de los nuestros, pues donde hay un cubano que adora la pelota y verdaderamente siente por ella, estamos todos.

Nuestra pasión, la pelota señores, es una de las pocas cosas que NUNCA nos van a poder quitar y de las que nos une, pues que sea Odrisamer, Céspedes, Chapman o Puig, supera a Industriales, Granma, Holguín o Cienfuegos, pues en ese instante somos uno solo y estamos juntos, mas cubanos que nunca.

Sin más por ahora,

Daniel de Malas Andreu.

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