Las amputaciones a la historia del béisbol cubano

Las amputaciones a la historia del béisbol cubano.

Por Reynaldo Cruz

Los cubanos y nuestro béisbol tenemos una especie de relación misteriosa con la magia y la hechicería. Año tras años, nombres que eran mencionados de manera muy común pasan a ser totalmente ignorados como si Hermione Granger nos hubiese apuntado con su varita mágica y, al igual que a sus padres, susurrado la cruel frase de Obliviate[i], para hechizarnos por siempre. Poco a poco, los nombres son menos frecuentes y, al igual que cualquier recién “converso” fanático de la MLB que cuando revisa los libros de récords y ve nombres como el de Barry Bonds o Pete Rose fuera de Cooperstown, se pregunten qué pasó, los nuestros pueden comenzar a levantar las mismas interrogantes.

El efecto de esto, a corto y mediano plazo, podría no ser nocivo al 100% —y aclaro que al 100% porque los efectos pueden sentirse en apenas 24 horas— pero a la larga, podríamos reírnos en un futuro de algo que nos demuestre lo estúpidos que podemos llegar a ser y cuánto daño podríamos hacer. Tal vez lo peor que puede hacerse con la historia es borrarla y negarla, y de aquí a 20 años, cuando nuestros hijos o nietos comiencen a interesarse por el béisbol, será un tema tabú explicarles quién fue Antonio Pacheco, Orlando “El Duque” Hernández, Yoenis Céspedes o José Dariel Abreu. Jamás imaginé que vería —o escribiría— el nombre de Antonio Pacheco en un comentario parecido, pero su reciente decisión de irse a vivir a Estados Unidos, más que como algo negativo, podría ser tomada como una lección.

Y es que día a día enfrentamos el riesgo de que de la noche a la mañana cercenen una parte de la historia de nuestro béisbol porque los protagonistas pasan de ser venerados a ser censurados o ignorados.

El tema en cuestión es precisamente el de Antonio Pacheco —y decenas de peloteros más que, por cualquiera que haya sido la causa, decidieron vivir fuera de Cuba estando aún en activo o simplemente después de terminadas sus respectivas carreras en Series Nacionales— y de cómo su reciente decisión, convertida ya en un fenómeno mediático, afecta el futuro del béisbol en Cuba.

De este caso se derivan dos tendencias: la primera ha sido la de defender al pelotero a ultranza, y la segunda —contra todo pronóstico— ha sido la de expresar incredulidad ante el hecho, que más que nada es un hecho normal. Hasta hoy me había reservado el derecho de callar respecto al tema, y no quiero hacer un manifiesto apologético o acusatorio hacia el Capitán de Capitanes (porque quitarle ese título sería un error tan grave como los que se han cometido durante varios años).

Mi preocupación es más bien otra: ¿qué estamos haciendo con la historia? Y esta pregunta esté bien fundamentada por mi propia historia cuando me interesé por el béisbol por vez primera a los 10 años de edad, cuando me fue fácil escuchar de —y nos vamos con la misma posición— Andrés Telemaco, Félix Isasi, Alfonso Urquiola que de Rey Vicente Anglada. Claro, todos sabemos en qué lugar de las preferencias estaba el explosivo camarero de los Industriales por su supuesto vínculo con los apostadores —algo que muchos catalogaron de ser un “pase de cuentas”.

¿Sucederá lo mismo con Antonio Pacheco?

La respuesta es la más temida de todas: por supuesto. Pacheco está destinado a no ser nombrado —ya ha habido una de esas “omisiones involuntarias”— cuando se hable de grandes defensores de su posición en la televisión cubana y los medios de prensa nacionales. El éxodo de peloteros cubanos hacia el exterior tiene un efecto más violento en la pelota de la Isla que la ausencia de figuras en la Serie Nacional y en el equipo nacional. Estamos hablando de cómo se borra la historia como por arte de magia. El precio que puede pagarse aún no ha sido contabilizado, porque realmente aún no ha llegado el momento en que la historia nos lo cobre.

Es más que simple. Aún no se ha edificado un Salón de la Fama del Béisbol Cubano, por tanto la lista de peloteros “no elegibles” va aumentando cada vez que alguien decide tomar el camino de irse de Cuba, por la vía que sea. El resultado será que cada vez los jóvenes fanáticos del deporte sientan menos interés por el béisbol. ¿Qué pasaría si abandonara Cuba Orestes Kindelán? ¿Nos quedaríamos sin máximo jonronero? ¿Dejaría de hablarse de su récord?

Este fenómeno ya lo hemos pasado, y si bien los implicados han tenido la suerte de que cayera el récord de Yoenis Céspedes para una temporada, o de que Ismel Jiménez se convirtiera en el lanzador con mejor promedio de ganados y perdidos en Series Nacionales, superando a Orlando “El Duque” Hernández. De más está decir que cuando sucedieron ambas cosas fue motivo de fiesta, porque finalmente podía hablarse abiertamente de los recordistas.

El listado de escenas históricas del béisbol cubano que hemos visto “canibaleadas” es bastante amplio, y en muchas ocasiones se abstienen de transmitirlo para no tener que mencionar a los protagonistas de las mismas. Poco a poco, las escenas son cada vez menos y mientras más recientes son, más corren el riesgo de ser excluidas o pasadas por el “quirófano” donde le “extirpan” todos los “tumores”.

Es en mi opinión una práctica infantil, que no daña al pelotero, y no consigue el efecto deseado, cualquiera que este pretenda ser. Por eso, el empeño recientemente instaurado de eliminar a Antonio Pacheco es totalmente inútil, innecesario y poco inteligente. Mencionarlo tanto a él como a los demás que han tenido algún rol importante en la pelota cubana no será un favor que se les haga a ellos, será más bien algo que se haga con el objetivo de salvar y preservar el patrimonio histórico del béisbol cubano, de fomentar el conocimiento de la historia de lo que algunos llaman “el mayor espectáculo sociocultural de la nación cubana”[ii].

Entonces, y solo entonces podemos pensar en realizar la irrealizable e increíblemente imposible[iii] tarea de edificar un Salón de la Fama del Béisbol Cubano, donde se haga honor a la historia y a los protagonistas por lo que hicieron, y no sean vetados por el lugar hacia el que se marcharon o por donde están. Sin censuras, sin omisiones, sin resentimientos. Porque sucede que, si por casualidad su objetivo al marcharse (que todos sabemos que no es ese) es el de hacer que la historia del béisbol cubano sea borrada, sería la forma de prevalecer.

Tal vez sea ese el día en que nuestros narradores no tengan que decir solamente “el segundo bate de los Dodgers” para referirse al polémico, controversial y algo problemático, pero no por eso menos estelar, Yasiel Puig; o que puedan decir con total orgullo que el lanzamiento más rápido de las Grandes Ligas lo hizo el cubano Aroldis Chapman; o que puedan decir que un cubano (Yoenis Céspedes) es apenas uno de los tres jugadores que han ganado el Derby de Jonrones del Juego de las Estrellas de las Grandes Ligas, y que es uno de dos (el otro es Ken Griffey Jr, cuya placa en Cooperstown debe estar siendo elaborada ya, a pesar de que falta tiempo para que esté en la boleta) que lo ha hecho de forma consecutiva.

Tal vez sea ese el día en que la historia del béisbol cubano pertenezca verdaderamente a nosotros y no a quienes se empeñan en ocultar partes extremadamente importantes de ella.

[i] Obliviate: De la saga Harry Potter, un hechizo mediante el cual el hechicero logra que la víctima olvide momentos de su vida para siempre, como si nunca los hubiese vivido. El personaje de Hermione Granger lo utiliza para que sus padres la olvidaran y así protegerlos del terrible Voldemort. El efecto del hechizo es irreversible.

[ii] Esta afirmación se pone en duda debido a lo mal concebido que se encuentra el béisbol en Cuba hoy, además de la poca seriedad con que esto es asumido por las autoridades rectoras del deporte nacional.

[iii] Con esto sucede que el primer conflicto viene del lugar donde debe ser edificado, luego de las figuras a incluirse, sobre todo si los que jugaron en Grandes Ligas después de 1959 podrían ser incluidos o no.

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2 pensamientos en “Las amputaciones a la historia del béisbol cubano

  1. ¿tú mismo, conoces quién fue lorencito frenández, josé Arcia, marcelino lópez, pllie mcfarlan o hilario valdespino? ¿cuándo descubrieron a Cuba, en 1962 o en 1492? Respóndete eso y después escribe

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