Carlos Alberto Tabares. Entrevista al Capi Azul (22/9/2014)

Carlos Tabares: Soy millonario de pueblo

Tomado de Tribuna de la Habana

Por René Javier en la sección

El Capi Azul

El Capi Azul

Es el último símbolo -activo- de aquella generación gloriosa de los noventa. La campaña 1992-1993 le abrió las puertas al béisbol nacional. El Guillermón Moncada fue el teatro donde interpretó su primer guión frente a Santiago. Entró en sustitución de William Rodríguez y desde entonces jamás perdió el espacio protagónico.

Tabares; elegancia y seguridad en el fildeo

Tabares; elegancia y seguridad en el fildeo

Un año más tarde jugaba su primera final contra el Villa Clara de Pedro Jova, Víctor, Toca, Paret, Machado, Perdomo, y compañía. El resultado fue una dolorosa derrota en siete encuentros; pero demostró, en el exigente escenario, ser un jugador distinto, valiente y con las herramientas necesarias para responder a la hora cero.

La temporada de 1996 lo catapultó a beber por primera vez el néctar de la victoria a nivel doméstico, al detener la racha de la trituradora naranja. En ese play-off realizó una atrapada mágica sobre una soberbia línea de Osmani García en el tercer partido y así comenzaría a bordar su aureola legendaria para capturar utopías.

El equipo nacional lo recibió en 1998 como primer bate y center field, el Mundial de Italia lo coronó campeón absoluto. Los Centroamericanos de Maracaibo también le regalaron el podio y a los 22 años ya era un hombre de éxito. Algunos problemas físicos lo alejaron de la selección mayor.

Sin embargo, en 2003, luego de una actuación histórica con unos Industriales que impusieron récord de 66 victorias y un título más, marcó su regreso a la élite. Santo Domingo y el estadio Quisqueya fueron testigos de otra decisión épica versus EE.UU. Allí consumó una de las jugadas más espectaculares y acrobáticas que he visto en el jardín central para alcanzar la cima Panamericana.

En Atenas 2004 asaltó la gloria olímpica. El primer Clásico Mundial -celebrado en 2006- le deparó conocer un nivel de competencia diferente y disfrutar de un memorable segundo lugar. Hoy forma parte del grupo de jardineros más relevantes de los clásicos nacionales. Su nombre es sinónimo de consagración, voluntad, disciplina, lealtad al juego y a su país. Con los azules ha disputado nueve finales, en cinco de ellas ganó el campeonato. Verle jugar es como una poesía en movimiento y el número 56 un reflejo de magia.

Hoy Tribuna conversa con Carlos Alberto Tabares Padilla.

¿Qué significa ser el jugador azul con más Series Nacionales?
– Es mi mayor orgullo. Acabo de cumplir 40 años y todavía me siento en plenitud de facultades. Aquí jugaron grandes luminarias del béisbol y soy el único que ha llegado a las 23 campañas. Es un regalo que la vida me dio.

¿Entre los momentos más tristes?
-Cuando perdí a mi papá en 2003. Era mi luz. Fue quien me llevó al béisbol. Me seguía en todo momento, siempre estaba al tanto de mi rendimiento y del equipo. Me inculcó el amor por la camiseta, la Patria y el deporte. Ese año ganamos el campeonato y pude regresar a la selección nacional. Pienso que fue el mejor tributo.

¿A qué jugadores admirabas de pequeño?
-Javier Méndez. Era un modelo a seguir por su elegancia para fildear y batear. Después jugué bastante a su lado y es una persona maravillosa. Pero mi mayor ídolo fue Víctor Mesa, un cinco herramientas, un pelotero de la gorra a los spikes. Disputé dos finales en su contra cuando el jugaba y fue una experiencia única.

¿Cuáles lanzadores se te hacían más difíciles?
-Pedro Luis Lazo era un monstruo; Norge Luis Vera, Faustino Corrales, Vladimir García, Freddy Asiel Álvarez… Son grandes pitchers; aunque también les pude conectar porque los estudiaba mucho.
¿Quiénes son los mejores amigos que te ha dado el béisbol?
-Todos los que han jugado conmigo en Industriales y de otras provincias: Michel Enríquez, Joan Carlos Pedroso, Osmani Urrutia, Frederich Cepeda, Eriel Sánchez, Eduardo Paret, Lazo, Vera, Ormari Romero y Roger Machado.

¿Qué finales te traen los mejores recuerdos?
-Las que le hemos ganado a Villa Clara, cuatro de cinco. También contra Santiago fueron batallas durísimas. Nunca me olvidaré de aquel jonrón contra Cintra en el quinto desafío -en el Latino- y después, el sexto allá en el Guillermón para proclamarnos campeones.

Pese a tentadoras ofertas siempre preferiste jugar en Cuba, ¿por qué?
-A mí me formaron con los principios de la Revolución. Soy lo que soy gracias a la Revolución. No tengo millones en una cuenta bancaria, pero soy millonario de pueblo. Nada es más grande que escuchar el aliento de 55 mil personas en el Coloso del Cerro, que defender la franela de los Industriales, que cantar el Himno Nacional después de tocar con las manos la gloria olímpica, caminar por las calles de La Habana y recibir el cariño de toda una ciudad. No soy enemigo de los que ya no están, pero prefiero bailar con Van Van, Paulito, la Charanga… y continuar siendo el capitán de los Leones.

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