COMO LE FUE AL BASEBALL CUBANO EN JAPÓN. RESUMEN (15/10/2014)

Tomado de Glorias del Baseball Cubano
Peloteros cubanos y lecciones de japonés
Por Favio Guerra 13 Oct 2014

Dice la historia que, antes de 2014, solo nueve peloteros cubanos habían incursionado en la Liga Profesional Japonesa (NPB, por sus siglas en inglés) y que Orestes Destrade, quien jamás participó en una serie nacional y debutó en 1989, es considerado hasta el momento como el pelotero nacido en la mayor de las Antillas con resultados más notables en dicho torneo. Después de él aterrizaron en el archipiélago nipón -solo Omar Linares con el respaldo de la federación cubana- otros jugadores nacidos y hasta formados en la isla caribeña, algunos con resultados relevantes.

A pesar de la dispar suerte que corrieron, poco -para no decir nada- conocieron los aficionados cubanos sobre las interioridades de aquel torneo, y mucho menos sobre el desempeño de esos precursores de la actual aventura beisbolera por aquellos lares.

Cepeda con los Gigantes

Cepeda con los Gigantes

Afortunadamente, el panorama cambió este año, pues a aquellos con experiencia profesional previa se unieron ahora a diferentes equipos de la NPB cuatro peloteros que siguen residiendo en la Isla. Ellos fueron los primeros beneficiarios de una nueva política deportiva aprobada por el gobierno, y a punto de concluir el “experimento” vale la pena dar un vistazo a sus incursiones por un béisbol diferente y las enseñanzas acumuladas por todos.

PREPARACIÓN Y OPORTUNIDAD

La primera lección que dejó la nueva experiencia es que se trata de una liga sumamente exigente, por lo que la pretendida inserción en ella no puede hacerse a la carrera, aun cuando los números de Yulieski Gourriel y Alfredo Despaigne hayan terminado siendo sobresalientes.

También habría que aprender que el éxito en ese circuito depende del talento, el esfuerzo y la entrega individual, pero también de otras cuestiones relacionadas con la estructura y las reglas.

Pongamos el caso de Frederich Cepeda, el primer elegido para probar su valía, nada más y nada menos que enfundado en la casaca de los Gigantes de Yomiuri, el equipo más laureado de la Liga. Pero también el del toletero Bárbaro Cañizares, quien al parecer no tendrá la oportunidad de demostrar su poder en la próxima campaña.

Cepeda llegó a los Gigantes en medio de grandes expectativas y, sin apenas tiempo de adaptación, fue llevado al primer equipo a mediados del mes de mayo. Después de un arranque alentador comenzó a perder efectividad y fue desplazado al elenco filial que juega en segunda división. Además de lo acelerado del proceso, al espirituano le afectó la regla de que cada equipo solo puede tener en su roster principal a cuatro extranjeros, y la permanencia en él depende de la forma demostrada por cada uno de ellos.

Aunque nunca pudo cubrir las expectativas, al final Cepeda fue llevado nuevamente al elenco principal de los Gigantes, pero solo para tomar turnos como bateador emergente. De tal forma, su promedio ofensivo se mantuvo siempre por debajo de .200, aunque había sumado seis jonrones y 18 empujadas en apenas 52 juegos. Su regreso al club tokiota es ahora mismo incierto, aunque puede que sus directivos tengan la esperanza de un repunte después de hacer una adecuada preparación.

En cuanto a Cañizares, con muy buenos resultados en su paso por el béisbol mexicano, fue sumado desde inicios de la temporada a la nómina de los Halcones de SoftBank, pero se encontró con demasiados foráneos con talento en espera de una oportunidad para brillar. Además, la calidad de los bateadores nativos es tan buena que cuatro de los titulares están entre los siete más sobresalientes de la Liga del Pacífico, y eso también le restó posibilidades. No obstante, tuvo su oportunidad en el roster principal a mediados de junio, pero a pesar de conectar un imparable como emergente en su primer turno, fue bajado nuevamente después de tres partidos. A sus 35 años de edad -uno más que Cepeda- su futuro parece muy lejos del béisbol japonés.

Visto el caso de Yunieski Betancourt, es una certeza que el tema del acondicionamiento es parejo para todo aquel que se estrene en el béisbol japonés.

Aun cuando hayan pasado sus mejores momentos, Yunieski llegó a los Búfalos de Orix después de varios años exitosos en las Grandes Ligas estadounidenses. Aun así, pasó demasiado trabajo para adaptarse al sistema de los lanzadores japoneses, al punto de necesitar 22 turnos al bate para conectar su primer hit. Fue bajado al nivel inferior para que ajustara su mecánica de bateo, pero la situación no varió. Y hasta que los Búfalos decidieron cancelar el acuerdo, solo había participado en 18 partidos con un famélico promedio de .141, diez imparables y solo cuatro remolques.

En cambio, también tuvo un tibio inicio Despaigne, aunque afortunadamente supo hacer las correcciones pertinentes para terminar su incursión de una forma extraordinaria. A pesar de experimentar una “traumática” salida del béisbol profesional mexicano, el granmense demostró que tiene madera suficiente, no solo para jugar al más alto nivel, sino también para convertirse en una estrella.

Llegó como contratación de emergencia y los seguidores de los Marinos de Lotte se esperanzaron con su fama de temible toletero. No demoró mucho en debutar con el primer equipo, y aunque comenzó a producir carreras, su promedio ofensivo no terminaba de despegar.

Más todo cambió a mediados del mes de septiembre, cuando consiguió conectar tres dobles en un mismo partido. A partir de entonces hilvanó una racha de bateo consistente hasta superar la barrera de los .300.

Gracias a su productividad en el mes de septiembre (.369 de promedio, con cinco jonrones, diez dobles, diez anotadas y 16 empujadas) cerró la campaña con un average de .311 -en solo 45 partidos-, conectó 12 cuadrangulares, igual cantidad de dobles, anotó en 26 ocasiones y remolcó a 33 compañeros hacia el plato.

Según los especialistas, estos números le brindan una proyección para una temporada completa con 38 jonrones, 38 dobles, 83 carreras anotadas y 105 empujadas. Salvo que ocurra algún inconveniente extra deportivo, Despaigne se convertirá en uno de los jugadores más cotizados de cara al próximo curso.

SALUD

Mantenerse saludable durante toda la campaña es una de las grandes preocupaciones de todo jugador, pues de ello dependen muchas cosas. Como botón de muestra está Leslie Anderson, quien llegó a los Gigantes de Yomiuri luego de su frustrada aspiración de ser fichado por algún equipo de la MLB.

El jardinero cubano disfrutó de un estreno por todo lo alto, toda vez que en sus primeros seis desafíos conectó 13 hits -dos de ellos vuelacercas-, empujó a ocho compañeros hacia el home y promedió para .520. Sin embargo, fue presa de las lesiones en par de oportunidades, y sus prologados períodos de inactividad mellaron su efectividad. De ahí que una de sus prioridades en lo adelante será cuidar de su físico, ya que de ello depende que el destacado desempeño en los 87 partidos que ha disputado (.319 de promedio, 15 jonrones y 50 empujadas) sea suficiente para hacer pensar a los directivos en su continuidad.

La peor suerte en este acápite la corrió este año el slugger Michel Abreu, quien desde las filas de los Luchadores de Nippon Ham conquistó en la pasada temporada el título de máximo jonronero de la Liga del Pacífico, al despachar 31 pelotas más allá de las cercas.

Mejor le fue en ese mismo equipo a Juan Miguel Miranda, también de estreno en la Liga. Miranda tuvo acción en 116 partidos, sumó 33 extrabases -de ellos 14 jonrones- y empujó a 57 compañeros, aunque fue discreto su promedio de .227.

En contraste, Abreu solo pudo disputar seis encuentros. Desde los mismos entrenamientos primaverales estuvo afectado por una lesión en su espalda que lo obligó a perderse los primeros cuatro meses de la temporada. Después de un período de rehabilitación, intentó regresar a los diamantes, pero se resintió de su molestia y el club prefirió no esperar por su recuperación y rescindió el vínculo contractual.

Por suerte, esa no fue la historia del jugador de cuadro Yulieski Gourriel, una de las grandes sensaciones de la temporada. Desde su mediática llegada al DeNa Baystar de Yokohama todos los focos se enfilaron hacia su figura y el espirituano justificó con creces ese interés. Sin embargo, una molestia muscular hizo peligrar su continuidad en el torneo, y afectó notablemente sus opciones de convertirse en el primer extranjero en ser seleccionado como Novato del año.

También sin una aclimatación previa, en sus primeras 20 presentaciones Gourriel exhibió credenciales de lujo, al promediar para .311, con cuatro estacazos de vuelta completa y 11 remolques. Esto hizo a los directivos tomar la necesaria cautela, realizar un exhaustivo examen al jugador y retardar su regreso a la acción hasta tanto se tuviera la certeza de que estaba totalmente recuperado. Y así sucedió.

Después de su retorno, el infielder cubano siguió pegándole duro a la bola y cerró con números de ensueño para cualquiera que se inicie, sin experiencia profesional previa, en una liga tan exigente como la japonesa.

Después de participar en 62 desafíos del calendario regular, Yulieski promedió para .305 gracias a los 73 imparables que conectó en sus 239 turnos al bate. Además, pegó 22 dobles, 11 batazos de vuelta completa, pisó 46 veces el home y empujó 30 carreras.

Sin dudas, los directivos del Yokohama intentarán todos los pasos que estén a su alcance para que el cubano siga vinculado al equipo durante la próxima temporada, pues les garantizaría poder de fuego, además de la posibilidad de cubrir varias posiciones del cuadro cuando sea necesario.

EXPERIENCIA

De los cuatro cubanos que, arropados por la novedosa política, incursionaron en el torneo profesional nipón sin necesidad de desvincularse del béisbol cubano, solo el jovencito Héctor Manuel Mendoza no vio acción en el máximo nivel. Y aunque los Gigantes de Yomiuri siguen enrolados en la disputa por el cetro, es muy poco probable que a estas alturas haga su debut con el primer equipo.

Sin dudas, la contratación de Mendoza fue una inversión a largo plazo. El lanzador diestro impresionó a los scouts llegados a Cuba en busca de diamantes en bruto, gracias a la sostenida velocidad de sus rectas por encima de las 90 millas por hora.

Eso y su juventud -apenas tiene 20 años- le garantizan a los Gigantes la posibilidad de pulir sin prisas su talento, y por eso ha permanecido desde su llegada en el equipo Ni-gun -nivel inferior- de la franquicia. En sus filas ha participado en juegos de preparación frente a elencos universitarios y hasta lanzado algunas entradas en partidos correspondientes a las ligas menores japonesas.

Bajo la atenta mirada de los técnicos nipones, Mendoza debe haber mejorado ostensiblemente el control sobre sus lanzamientos, ampliado su repertorio, y, sobre todas las cosas, incorporado nociones de pensamiento táctico a la hora de lanzar.

Sin dudas, es la experiencia una de los mejores dividendos que puede sacar cualquier jugador de su paso por la NPB, y su experiencia pudiera ser la de otros serpentineros cubanos de corta edad, y que por sus perspectivas de desarrollo resulten de interés para cualquier equipo profesional japonés.

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