Se rompe la burbuja… o mirando las cosas con cinismo (8/7/2015)

Tomado de Universo Béisbol

Por Reynaldo Cruz

Hubo un tiempo en que los niños en Cuba soñaban con llegar a la Serie Nacional, abrirse camino hacia el equipo Cuba y decidir un partido importante —con un cuadrangular o un fildeo— contra Estados Unidos, o Japón, frente a toda la televisión nacional, como para que nadie se lo perdiera. Eran tiempos, también, en los que un partido entre Cuba y Estados Unidos hacía que se llenara cualquier parque beisbolero en la Isla, desde el Estadio Latinoamericano hasta el Estadio José Antonio Huelga, justo como se llenó el BB&T Ballpark en Charlotte, Carolina del Norte, en el más reciente Tope Bilateral entre Cuba y el equipo universitario de Estados Unidos.En 1999 Cuba dio una buena demostración ante los Baltimore Orioles.

El viaje cubano para enfrentar al USC (US Collegiate Team) estuvo marcado desde un inicio por la deserción de Yadiel Hernández, uno de los que estaba previsto para alinear de regular, quien abandonó la selección antes del Play Ball inicial. Dos días después, la noticia de que Luis Yander La O había seguido sus pasos dejó a todos atónitos, ¿o no?

Resulta que ya ha dejado de ser noticia cuando un pelotero cubano abandona el país, o una delegación. En un inicio la notica era recibida con asombro, y provocaba shocks y rechazo, luego pasó a ser aceptada y ha caído ya en la total diferencia. La gente se sumergió en los resultados de la Copa América de Fútbol y dejó a un lado al béisbol y su mala fortuna.

Orlando "El Duque" Hernández fue un lanzador efectivo en la MLB. (Foto: Doug Benc/ Getty Images)

Hacia finales de los años 80, el referente cubano en Grandes Ligas del que se comentaba era sin dudas José Canseco, dueño de un físico adónico, capaz de disparar largos batazos y de robar bases con la misma frecuencia. Sin embargo, era un referente poco veraz, y no por los asuntos del dopaje, sino porque no se trató de un pelotero formado en Cuba. No fue hasta la salida de René Arocha, Osvaldo Fernández (el zurdo y el derecho), Rolando Arrojo y los hermanos Liván Hernández y Orlando “El Duque” Hernández que comenzó a destaparse la caja de pandora, aunque en honor a la verdad no fue a otros que a los protagonistas de Brothers in Exile a quienes les fue verdaderamente bien. Los demás dieron tumbos pero no llegaron a ser las grandes celebridades.

Faltaba precisamente la explosión de un jugador de posición (Rey Ordoñez logró el Guante de Oro, pero su ofensiva fue atroz), pero además, de un pelotero que lograra que el mundo del béisbol se enamorara perdidamente de él… una explosión que llegaría luego.

Mientras tanto, comenzaron entonces a hacerse visibles los problemas del béisbol cubano. Enfrentémoslo, no se trató solamente de los peloteros que comenzaron a tomar otro camino, sino de la inserción de jugadores rentados en el panorama competitivo internacional, peloteros más curtidos en los sistemas de granjas de las Grandes Ligas, y algunos hasta con experiencia en el Big Show. Dos fuerzas mayores de mucho peso sin dudas comenzaron a hacer mella en los resultados del béisbol cubano a nivel internacional.

Esto puede llegar a sonar a cinismo, pero ¿realmente tuvimos un dominio legítimo en las competencias internacionales?

La respuesta es no, por dura que pueda parecer. Mientras los demás países perdían a sus mejores peloteros año tras año, rumbo al profesionalismo, nuestros atletas —y nosotros, los fans— vivieron protegidos dentro de la burbuja de la ignorancia. Conocían de la existencia de las Grandes Ligas, pero ¿cómo realmente podían informarse? Hoy la información vuela por el éter a través de las redes WiFi, y el escenario es distinto, pero hacia finales de los 80 y durante gran parte de los años 90, los equipos cubanos fueron casi invencibles en juegos oficiales. A diez años se extendió la racha en la que Cuba no conoció la derrota en un partido oficial. Comenzó luego del fatídico jonrón de Ty Griffin en Indianápolis 1987 y terminó con una aplastante derrota 11-2 de Japón en Barcelona 1997. Jamás olvidaré esa tarde, cuando los nipones castigaron a un lanzador cubano detrás de otro mientras sus serpentineros se encargaban de retirar con facilidad a todos y cada uno de los cubanos.

Lo cierto es que ese fue en parte el momento del despertar, un despertar que se rehusó a venir cuando el equipo universitario de Estados Unidos aplicó un escobazo de leyenda en Millington 1995, y se rehusó a venir precisamente porque un año después la nación caribeña se coronó de manera invicta en la cita estival de Atlanta 1996. Siempre hubo suerte… o fue precisamente esa superioridad que tenían los cubanos por encima de los demás países, dada la posibilidad de presentar, evento tras evento, lo mejor que tenían en sus tropas. Salvo un puñado de peloteros que abandonaban el país —que no era siquiera uno al año— u otros que sencillamente no gozaban de las simpatías de los seleccionadores (o eran perjudicados por el infame status de “no confiable”) para integrar el equipo, las selecciones cubanas que participaban en las competiciones desde los Topes Amistosos, los Juegos Centroamericanos y del Caribe, Panamericanos, Olimpíadas, Intercontinentales o Mundiales, estaban armadas con lo mejor del parque artillero de la nación.

El Clásico Mundial de Béisbol 2006 terminó en derrota, pero demostró que los cubanos podían vencer ante el talento de Grandes Ligas. (Foto: Getty Images)

Era un equipo para jugar el Clásico Mundial de Béisbol, y en su defensa hay que decir que pese a que les costaba trabajo vencer a los bisoños del USCT, se veía una maldad y una picardía en la forma de jugar de estos peloteros que estaba motivada fundamentalmente por los buenos entrenadores y por la existencia de una Serie Selectiva o una Súper Selectiva que hacía precisamente que los lanzadores no tuviesen respiro a la hora de enfrentarse a la tanda de cualquier equipo, como mismo le sucedía al bateador, pues detrás de un buen abridor aparecía un mejor relevista.

Es imposible y contraproducente ver este fenómeno por sus aspectos por separado, cuando realmente se trata de una maquinaria que se presentó defectuosa precisamente por el mal funcionamiento de varias de sus piezas.

En Sidney 2000 puede haber sido casual, pero en los últimos tiempos Holanda ha mayoreado a Cuba. (Foto: Chung Sung-Jun/ Getty Images)

Winnipeg 1999 vino para confirmar que Cuba no volvería a ganar jamás un torneo de nivel de manera arrolladora, y Sidney 2000 trajo una derrota en fase eliminatoria contra Holanda (en aquel momento por casualidad, hoy por causalidad) y otra en la final contra Estados Unidos y Ben Sheets, que dieron por roto el encantamiento, dando paso a los años más difíciles del béisbol cubano: los que vivimos hoy.

El primer gran golpe del Siglo XXI se produjo precisamente cuando José Ariel Contreras abandonó el país en busca del sueño de las Grandes Ligas. Se trataba del mejor lanzador de Cuba, aquel al que parecía imposible derrotar, que recibía la bola internacionalmente en los partidos complicados, como en la final de Winnipeg o aquella semifinal contra Japón en la Copa Mundial de 2001. Se trataba además de un símbolo como atleta que era esgrimido como un estandarte político, por lo que el impacto fue aún mayor.

Kendrys

Kendrys

Justo luego de Contreras, Kendrys Morales abandonó el país, otro fuerte impacto debido a que se trataba del Golden Boy, el chico a quien todos admiraban, a quien todos veían como el futuro salvador del turno de cuarto bate en el equipo Cuba, luego del retiro masivo de figuras veteranas pero de probada valía como Germán Mesa, Luis Ulacia, Antonio Pacheco, Omar Linares y Orestes Kindelán, poco tiempo después de que ellos mismos llevaran a la selección a ganar una corona que más que nada se antojaba esquiva.

Y claro, el momento que de veras marcó el antes y el después: el Clásico Mundial de Béisbol de 2006, cuando los cubanos tuvieron la oportunidad de enfrentarse al talento de las Grandes Ligas, y ser competitivos al punto de dejar en el camino a Venezuela, Puerto Rico y República Dominicana, equipos cuajados hasta la médula de peloteros de la Gran Carpa.

El Clásico fue una fiesta

El Clásico fue una fiesta

Nadie imaginó que el espejo del voleibol se volvería en contra del béisbol cubano, sobre todo porque no se podía comparar un deporte de laboratorio con uno que el cubano lleva en la sangre, y el talento es prácticamente innato.

No fue, sin embargo, hasta la aparición en las Mayores de talentos como Aroldis Chapman, Alexei Ramírez, Yoenis Céspedes y Yasiel Puig que explotó el polvorín que envió a los peloteros cubanos volando… o mejor dicho, navegando en todas direcciones. José Dariel Abreu, Adeiny Hechavarría, Leonis Martín, Yunel Escobar, Alex Guerrero, Yasmani Tomás… todos vinieron a confirmar algo: el talento de los peloteros cubanos es innegable, y fue su estancamiento durante años en la liga cubana, apenas sin ver peloteros profesionales, más el hecho de que en algunos casos la salida del país fue un poco tardía, lo que hizo que los peloteros de los 90 no tuviesen el éxito de los de ahora.

Pero estos tienen una formación distinta, son más grandes y más fuertes, mejor preparados técnicamente y con la experiencia de haberse visto las caras, al menos una vez, con peloteros rentados antes de abandonar el país. Sin embargo, son precisamente las causas de estas virtudes que los hacen tan buenos hoy para el béisbol rentado, los motivos colaterales para llevarlos precisamente a tomar esta dirección: verse las caras con peloteros profesionales, ver cómo se conducen en el terreno, y sobre todo saber de sus condiciones de vida. Tener noticias sobre los éxitos de otros cubanos en tierras lejanas no hace sino pensar detenidamente en tomar esta decisión.

Seamos honestos con nosotros mismos. Todos los que amamos el béisbol durante nuestra niñez tuvimos la fantasía de anotar victoriosos tras un cuadrangular enorme contra los Industriales en la final de un campeonato. Así nos vimos muchos—sobre todo los que no somos fanáticos a los azules— en algún momento, en el que precisamente estábamos condicionados por el hecho de que no sabíamos absolutamente nada del béisbol de las Mayores. Sin juegos de video, sin imágenes procedentes de MLB Advanced Media, con información ultra limitada, era casi imposible saber que había dos ligas en The Show, o que en una liga había bateador designado y en la otra no.

Ese cuadrangular espectacular que soñamos, nos llevó a ganar la Serie Nacional, o la Súper Selectiva, y por ende, nos abrió las puertas del equipo Cuba, donde tuvimos la oportunidad de enfrentar al monstruo, a aquel conjunto universitario de Estados Unidos que había barrido al equipo cubano. Orgullo nacional herido, bate en mano en un momento crítico del juego, vendríamos a deshacer el ultraje, y desapareceríamos una recta de 100 millas por hora lo más lejos posible por el mismo jardín central, para pisar el plato, abrazar a los compañeros de equipo y regresar a casa victoriosos.

Ahora podríamos terminar nuestro experimento poniéndonos la mano en el centro del pecho y preguntándonos: ¿Es esto lo que sueñan todos los jóvenes peloteros cubanos?

Unos ni siquiera llegan al final de su primera temporada, por lo que es evidente que no soñaron ganarle el campeonato a los Industriales; otros no piensan en el orgullo nacional, sino en cómo lucirían mejor para atraer la vista de algún cazatalentos presente en el torneo; mientras que otros no piensan en regresar, se gane o se pierda. Y entonces, antes de juzgarlos, deberíamos entonces preguntarnos: ¿seríamos capaces todos de resistir todas las tentaciones que conllevan esas ofertas millonarias en términos de dinero, seguridad y nivel de juego?

Yadiel Hdez

Yadiel Hdez

Hoy no podemos darnos el lujo de convertirnos en ilusos. Es cierto que para este último tope contra el USCT el abandono de la delegación por parte de Yadiel Hernández sacó de paso a los jugadores, pero no podemos culparlo por el no-hit-no-run que propinaron los lanzadores norteños, como tampoco podemos responsabilizarlo por las dos derrotas que siguieron, y lo mismo va para Luis Yander La O. Incluso, desconocemos si hubo algún tipo de presión por la presencia de scouts, o las típicas presiones ejercidas por el personal que viaja con el equipo, pero en algunos momentos parecía que los peloteros tenían sus mentes en otro lado.

Ni siquiera esto puede servir de excusa para las derrotas. Con toda honestidad, cero-cero aparte, a este equipo no le fue mucho peor este año por tierras norteñas que lo que les iba a aquellas maquinarias armadas por los Linares, Pacheco, Kindelán, Lázaro Vargas y compañía. Dos victorias y tres derrotas en territorio norteamericano no están nada mal para un equipo que —contrario a sus homólogos del pasado— tuvo dos deserciones y ha sido víctima constante en los últimos años del desangramiento de sus mejores atletas a manos de las gruesas billeteras de los gerentes generales de la Major League Baseball.

¿Habrá alguna solución? Puede ser la pregunta que ronda en la cabeza de muchas personas, y la respuesta es simple pero a la vez dolorosa y desalentadora. Las autoridades cubanas no tienen esa solución en sus manos. Ya no: 2006 está muy distante en el pasado.

No se trata de defenderlos, porque de las muchas cosas reprochables de su proceder ha sido sin lugar a dudas su falta manifiesta de movilidad. El punto es que por mucho que se proponga ahora la Federación Cubana de Béisbol a efectuar cambios destinados a mejorar la calidad de un béisbol cubano que debería estar dispuesto a acoger el regreso de aquellos que se han ido y no han logrado triunfar en tierras de ultramar, haría falta el apoyo directo de capital extranjero para asegurar la sostenibilidad económica y financiara del fenómeno… y por supuesto, el fin del bloqueo.

Aroldis Chapman

Aroldis Chapman

Lo cierto es que mirando hacia hace poco más de veinte años, esa burbuja que nos mantenía en la felicidad de la ignorancia de creernos que éramos invencibles en el béisbol, de tener la certeza de que en caso de enfrentarnos a un equipo nacional integrado por los mejores peloteros de Grandes Ligas saldríamos victoriosos y relucientes, o de estar convencidos de que ningún pelotero de las Mayores era mejor que los nuestros, se ha deshecho. No se sabe si fueron los vientos que soplaron en los años 90, o la salida de Contreras o Kendrys, o la explosión ofensiva de Céspedes o Puig, o la velocidad supersónica de Chapman. Lo que se sabe es que ya no lo creemos, ya a muchos no les duele como antes, y a otros (que es lo peor) no les importa.

La nación que acoge como hijos honoríficos a Pelé, Raúl o Sergio Ramos, pero que a la vez le da tratamiento silencioso a Ken Griffey Jr, Barry Larkin o Devon White, no puede aspirar a volver a los planos estelares del béisbol internacional si no es capaz de hacer que sus jóvenes vuelvan a enamorarse de él o de cambiar para siempre y de manera radical cosas que hasta hace poco tiempo parecía descabellado proponer. El tope bilateral contra el USCT es apenas la muestra de lo que puede pasar en cualquier otro escenario, este equipo cubano es sin dudas lo mejor que puede armarse en las condiciones actuales y con las filosofías imperantes.

¿Corre Cuba el riesgo de no presentar el béisbol a una cita multideportiva como los Juegos Panamericanos o incluso los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 si se juega el yakyu en tierras niponas? ¿Corre el riesgo de perder posiciones internacionalmente al punto de no pasar de la primera ronda en el Premier 12 o de tener que jugar un Torneo Clasificatorio para el Clásico Mundial de Béisbol de 2021? ¿Se corre el riesgo de jugar una Serie Nacional cada vez más decadente, año tras año? Todas estas preguntas arrojan una misma respuesta directa, y esta no parece ser nada feliz: sí, a todas ellas.

Por lo visto, Winter is coming.

Publicado originalmente en la Revista Universo Béisbol de junio de 2015

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Un pensamiento en “Se rompe la burbuja… o mirando las cosas con cinismo (8/7/2015)

  1. Reinaldo
    Su artículo deja un sabor amargo, crudo pero lamentablemente expresa la realidad de lo que está pasando con el beisbol cubano que no se acaba de adaptar a los tiempos que corren, sobre toda por la mentalidad obtusa de quienes dirigen el deporte en nuestro país, que no acaban de aprender de los errores pasados y presentes, por las razones que usted expresa considero su artículo muy pertinente, eficaz y de manera general sumamente excelente, se requiere el concurso de los esfuerzos de todos, los cubanos de auera y de adentro, porque en resumen eso son, CUBANOS, estén donde estén, la mayoría de los cubanos que juegan en grandes ligas quieren juar por su país, ese anhelo no se les ha olvidado, pero nuestras autoridades erróneamente se los niegan como un método de ajuste de cuentas, cuando en definitiva lo que se logra con eso es paarle un ajuste de cuentas al beisbol y a los aficionados que en definitiva son la principal motivación de cualquier deporte, considero que sí que nuestros peloteros hoy en día quieren jugar en esa gran carpa como le llaman a la MLB, porque es donde más calidad existe, negar eso es negar todo lo demás, tengo fé que algún día las aguas cojan su nivel y espero qe no se demore tanto, sino el beisbol cubano va a quedar relegado al nivel que hoy tiene el voleibol en nuestro país, por los constantes errores que desde hace tantos anos viene cometiendo el inder y la comisión nacional, se les ha olvidado que se puede engañar a todo el mundo por una parte del tiempo, pero que es imposible engañar a todo el mundo durante todo el tiempo, duele reconocer la situación actual de nuestro beisbol, es muy amargo y decepcionante la verdad, pero que se le va a hacer, afin de cuentas es eso ¿no?, es la realidad…

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